LA ÉTICA EN LA INVESTIGACIÓN CIENTÍFICA
I.
ÉTICA DE LA
INVESTIGACIÓN CIENTÍFICA
CONCEPTO
La ciencia
es
por
un lado
un conjunto
de conocimientos
obtenido a través
de un
método específico, y por el otro,
es el método por el cual se obtienen esos conocimientos, el
método
científico.
Por otro lado también consideran a la ciencia como un proceso de investigación metódico y la descripción de los resultados
y métodos de investigación con la finalidad de
proveer conocimiento de una
materia.
A través de
manera metódica y controlada, se alcanzan nuevos conocimientos, que se consideran
válidos mientras
no
sean refutados.
Lo que
implica que la ciencia
no produce verdad incuestionable,
sino que su producto puede ser contrastado y refutado en cualquier momento.
La ciencia
(del
latín
scientia,
conocimiento) es un
proceso de
adquisición de
conocimiento empírico y la organización de dicho conocimiento.
Es el conjunto de conocimientos
susceptibles de probarse, sistematizados, realizables y dirigidos a objetos de una misma naturaleza. Esta
serie de conocimientos pueden ser ciertos o probables, racionales, sistematizados y verificables, dirigidos a
objetos de igual naturaleza. Dicho de otra manera el
único objeto de la
ciencia es comprender el mundo en que vive el
hombre.
Del griego "episteme", traducido al latín por "scientia",
etimológicamente significa "conocimiento verdadero",
conocimiento basado en razones sólidas.
Se entiende por ciencia al conjunto de métodos y técnicas para la adquisición y organización de conocimientos
sobre la estructura de
un conjunto de
hechos objetivos y accesibles
a
varios observadores. Y con la correcta utilización de los métodos y conocimientos nos guiará a la
generación de más conocimiento objetivo en forma de predicciones concretas, cuantitativas y comprobables referidas a hechos observables pasados,
presentes y futuros.
De igual manera podríamos referirnos al concepto de ciencia del siguiente modo
atendiendo al significado
etimológico del término ciencia como “saber” en general, encontramos dos acepciones: una como saber científico y otra como saber
vulgar. Cuando mencionemos este
vocablo a lo largo del trabajo estaremos haciendo referencia a la
primera. Tomando como válida esta idea inicial, podemos aceptar la siguiente definición de ciencia: “Un modo de conocimiento que aspira a formular, mediante lenguajes
rigurosos y apropiados,
en lo
posible con el auxilio del lenguaje matemático, leyes por medio de las
cuales se rigen los
fenómenos.
Estas leyes son de diversos órdenes. Todas tienen
varios elementos en común: ser capaces de describir series de fenómenos, ser comprobables por medio de la observación de los hechos y ser capaces
de predecir acontecimientos
futuros” (Ferrater, 1965, pág. 284). A partir
de esta
definición podemos extraer
tres características básicas
que identifican a toda
ciencia: la
formulación de leyes con capacidad de descripción, posibilidad de contrastación y oportunidad
para la predicción.
Bunge (1975, pág. 9) nos proporciona varias definiciones y descripciones que nos aproximan
al concepto de ciencia.
Así, entiende
que
la
ciencia puede
caracterizarse
como “conocimiento
racional, sistemático, exacto, verificable y, por consiguiente, falible”. Considera
que
ciencia es “un bien
por
sí
mismo,
esto es, como un
sistema
de ideas
establecidas
provisionalmente
- conocimiento científico-“. Más recientemente, Bunge (1985, pág.
10) la define como “el estudio de
la realidad por medio del método científico y con el
fin
de descubrir las leyes de las
cosas”.
Otros autores más próximos a la disciplina que nos ocupa, prefieren entender la ciencia como
“Cualquier tipo de conocimiento que haya
sido objeto de esfuerzos
para perfeccionarlo” (Schumpeter, 1982,
pág.41),
en el mismo sentido es posible
aportar otra
definición de
ciencia debida al Profesor Castañeda (1968, pág.
11): “Una
ciencia es, pues, un
conjunto sistemático de cuestiones y proposiciones referentes a un objeto
y elaboradas con criterios de verdad
y certeza”.
La búsqueda de respuestas
a todos los acontecimientos que inciden en la vida real del ser humano ha originado, desde siempre, la continua preocupación de éste por el saber y la verdad, esto es, por los términos caracterizadores de la ciencia.
El hombre ha sentido, desde sus
orígenes, la necesidad de comprender, cuando el conocimiento sobre algún hecho alcanza un
grado de interés generalizado; “...a la confianza con lo
habitual,
en las cosas en que
no se repara, sucede
la desconfianza, la
desorientación...” (Ortega y Gasset, 1966a).
Tradicionalmente, y hasta el
siglo pasado, era mantenida por gran parte de los filósofos la convicción casi
generalizada
de la validez incontestable de
las
teorías, de
ahí que
la
mera
aceptación de
un conocimiento como
válido
podía
hacer pensar en el
método que
lo había permitido alcanzar.
Tal idea es posible que se derive de la interpretación etimológica del término, como el camino que ha de recorrer la mente en
la búsqueda de la verdad, "como si se tratara de una vía ineludible que
necesariamente hay que recorrer en la elaboración de un cuerpo de conocimientos para que su estructura merezca la calificación de científica"
(Carreras Artau, 1955).
Pero de la validez absoluta del conocimiento se pasa, posteriormente, a un nuevo planteamiento basado en una relativa aceptación de la teoría
en función de su refutación al contrastarla con la realidad.
En la actualidad, prevalece la
proposición
de
hipótesis y teorías que posteriormente serán contrastadas
o refutadas.
Al
respecto apunta Wartofsky (1973), la
ciencia “experimenta; descubre; mide y observa; inventa técnicas
y herramientas; propone y dispone, hace hipótesis y ensaya; hace preguntas a la naturaleza y obtiene respuestas; hace
conjeturas, refuta, confirma o no confirma; separa
lo verdadero de lo falso, lo que tiene sentido de lo que no lo tiene; nos
dice cómo llegar donde queremos
llegar, como hacer lo que queremos hacer”.
Posiblemente, como afirma Lákatos (1975), durante siglos, el conocimiento fue entendido como conocimiento demostrado, ya fuese por
la evidencia o por
el poder del intelecto, aunque la
integridad de éste exigía
abandonar
las afirmaciones no demostradas.
Ahora bien, es oportuno distinguir en la ciencia
entre el trabajo o investigación, y su resultado
final: el conocimiento.
De
alguna manera, así lo expresa Wartofsky (1973) cuando afirma que “la
ciencia es
un modo
de conocer
el
mundo
y
también un
cuerpo de
conocimiento. Cabe
caracterizarla en función de un proceso de investigación, de una búsqueda de la verdad, y es
posible caracterizarla también como la
estructura
o cuerpo formado por la acumulación
de
las verdades fundadas, o
presuntas verdades, que tal
búsqueda haya originado”.
De lo anterior se puede
deducir, por tanto, que la ciencia
implica
conocimiento. No obstante, hay que tener presente que no todo conocimiento puede recibir el calificativo de científico, por lo que habrá que señalar
que
atributos deben reunir
aquel para ser tipificado como tal.
En este sentido, Bunge (1980) distingue entre dos formas de presentarse el conocimiento: común y científico, señalando, al respecto, que “parte del conocimiento
previo de que arranca toda investigación es conocimiento ordinario, esto es conocimiento no especializado, y parte de él es conocimiento científico,
o sea, se ha obtenido mediante el método de la ciencia y
puede volver a someterse a prueba, enriquecerse y, llegado el caso,
superarse
mediante el mismo método. A medida que
progresa, la investigación corrige o hasta rechaza porciones del acervo del conocimiento ordinario. Así se enriquece este último con los resultados de la ciencia: parte del sentido común de hoy día
es resultado de la
investigación
científica de ayer”.
En lo que se refiere a su clasificación, muchos han sido los intentos de ofrecer una tipología de las
mismas. Una
primera
clasificación general
discierne entre
ciencias
humanas
y
ciencias de
la naturaleza. Particularmente nos sentimos atraídos por la clasificación del Profesor Bunge,
distinguiendo entre ciencias formales y ciencias factuales o empíricas: “La diferencia primera y más notable entre las varias ciencias es la que se presenta entre ciencias formales y ciencias fácticas, o sea, entre las que estudian ideas y las que estudian hechos. La lógica y la matemática son ciencias formales, no se refieren
a nada que se encuentre
en la realidad, y por tanto, no pueden utilizar nuestros contactos con la realidad para convalidar sus fórmulas. La física y la
economía se encuentran
en cambio entre las ciencias fácticas, se refieren a hechos que se supone
ocurren
en el mundo, y, consiguientemente, tienen que apelar a
la experiencia para contratar sus
fórmulas” (Bunge, 1985, Pág.38).
La ciencia formal, por tanto, estudia las ideas y utiliza como principios de razonamiento las reglas
de
la lógica y las matemáticas. La lógica sirve a las
demás ciencias para aclarar y analizar las
verdades
propias
de su
objeto, proporciona un método para
analizar
las estructuras de
las
ciencias, sus conocimientos principales, así
como para
ver
la manera de relacionarlos y resumirlos hasta llegar a sus conclusiones. Las Matemáticas proporcionan el instrumento de formalización decisivo, con el que las ciencias resultan más comprensivas y universales. La ciencia factual
o empírica es aquella que analiza los hechos, la relación entre los fenómenos que se observan, trata de explicar la
realidad y predecir
los acontecimientos. Bunge (1975, pág. 15) establece un amplio
abanico de características de las ciencias factuales y de los elementos
que
identifican al conocimiento científico:
1.
El conocimiento científico
es
fáctico
2.
El conocimiento
científico trasciende los hechos
3.
La ciencia es analítica
4.
La investigación científica
es especializada
5.
El conocimiento
científico es claro y preciso
6.
Un requisito es que
debe verificarse
7.
El conocimiento científico
es sistemático
8.
El conocimiento
científico es general y legal
9.
La ciencia es
explicativa y predictiva
10.
La ciencia es abierta
y útil.
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